martes, 9 de junio de 2009

IgleS.A.

No son las adjudicaciones finales pero me sirve para ir mirando como funciona. Estudiadlo rápidamente que lo quiero probar el sábado

[Suena una sirena. Todos los actores/trices se revolucionan y empiezan a sacar bocadillos, tapers, zumos...]
- ¡Bocadillo!
- ¡Bocadillo!
- ¡Bocadillo!
- ¡Bocadillo!
- ¡Bocadillo!
Chus.- ¿Cómo vamos?
Pablo.- Bien de tiempo.
Esme- Eso es bueno. ¿Nos subirá Xavi la nota por esto?
Adrián.- Estaba pensando una cosa.
Pablo.- ¡Cuidado con las carteras!
Adrián.- No, escuchad. Estaba pensando que... a ver, tenemos talento, imaginación, somos la pera...
Álex.- Sí, ¿y?
Adrián.- ¿Por qué no montamos un negocio?
Chus.- ¿Y eso se te ocurre ahora?
Adrián.- Sí bueno, es por el tema del tiempo y eso. Me ha hecho pensar que... ¿cuál es el negocio que más tiempo ha durado?
Irene.- ¿El capitalismo?
Blanca.- ¿La venta de armas?
Pablo.- ¿El gobierno?
Eder.- ¿El porno?
Todos.- mmmmmmmm...
Adrián.- No. La Iglesia.
Todos- Ooooooooo...
Eder.- El porno lleva más tiempo que la iglesia.
Todos.- mmmmmm...
Chus.- Vale; quien quiera empezar un negocio porno, que empiece a desnudarse... me refería a ellas.
Irene.- ¿Y tu idea cuál es? ¿qué nos disfracemos de monjas?
Eder.- En el porno hay películas de mon...
Adrián.- Ya vale con el tema del porno. Centrémonos en la Iglesia. “Dios te ama, Dios te quiere, pero necesita mucha pasta” ¿os suena?
Esme.- Me suena a que ya está inventado.
Adrián.- La Iglesia sí, pero no nuestra IgleS.A.
Pablo.- ¿Y como funciona eso?
Adrián.- La idea es crear un negocio de la nada, con la mínima inversión, y que perdure per secula seculorum.
Esme.- Me pido Papa.
Pablo.- Y yo Mama
Adrián.- Bueno, bueno, todo se hablará. Como negocio la verdad es que no tiene mala pinta.
Chus.- Habría que proponer algún mártir o algún santo por la causa.
Pablo.- Va, eso está chupado. Lo echamos a suertes.
Álex.- Pero a mí no me queda claro que sea un negocio rentable, es decir... ¿Cuánto pueden dejarse en un cepillo?
Adrián.- Nada de cepillos. Vivimos en un mundo capitalista. Cuotas mensuales domiciliadas.
Esme.- ¿Y qué les cobras? ¿el sermón?
La cuestión sería encontrar algo que a nosotros no nos cueste un chavo, y que podamos vender a buen precio.
Adrián.- Y que la gente esté dispuesta a pagar.
Blanca.- ¡Ya lo tengo!
Todos.- ¿Qué?
Blanca.- Vendamos tiempo.
Pablo.- ¿Y cómo se vende el tiempo?
Chus.- Por años.
Pablo.- Quiero decir que ¿Qué tiempo vendes? ¿Cómo lo vendes?
Blanca.- Pues es hacer lo mismo que estamos haciendo aquí, pero por pasta.
Pablo.- Ah, ¿qué estos no han pagado entrada?
Esme.- No, hijo, no, si tenemos que pagar nosotros el iluminador. ¿Les habéis dicho lo del bote a la salida…?
Áñex.- Vuelve a lo del tiempo y lo de la venta.
Blanca.- Juegas con el concepto del tiempo, haces creer a la gente que tiene el tiempo de aquí y el tiempo del más allá. Les pones una cuota mensual para pagar el tiempo que quieran pasar en el más allá, y asunto concluido.
Pablo.- Pero para eso necesitaremos inventarnos un Dios, un Cielo, un Infierno...
Adrián.- Ya buscaremos una prostituta teatral.
Esme.- No se lo van a tragar.
Eder.- Pues en las películas porno...
Todos.- ¿Por qué no te callas?
[Suena una sirena. El director chasquea su látigo. Suena algo parecido a “Trabajad, negros” todos guardan su bocadillo, y acuden a la siguiente escena.]

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