Y surgió de la tierra un enjambre de abejorros, impetuosos, con grandes posibilidades. Parecía que el viento los seguía cuando volaban, cuanta perfección. Una voz pausada que emanaba del viento hacía de guía, para que encontraran un rumbo. Un día vieron una luz y uno de ellos decidió que era bueno; cegado por su ego acudió rápidamente a ella, mientras el viento le susurraba que no lo hiciera. El ego no sólo lo cegó, también le privó de la escucha, ingnoró a la voz por primera vez; y todos empezaron a competir camino hacia la luz. Todos llegaron, pero ninguno sobrevivió ante la descarga de la lámpara que emitía el destello. Entonces el viento amainó y al llegar a la tierra descubrió 8 seres insignificantes, más modestos, sin posibilidades aparentes y sin alas con las que poder volar. La voz susurró en forma de brisa apuntando hacia una cueva. Sólo había oscuridad en su interior, angustiando a los que se adentraran en ella. La voz fue ahora una corriente de aire que guiaba sus torpes pasos hacia una misma dirección, haciéndoles viajar con él. Los 8 seres siguieron el camino a oscuras, hasta que vieron una luz a lo lejos. Todos juntos fueron hacia ella, fueron acercándose, cada vez más cerca, más cerca, casi han llegado, casi pueden tocarla... Y pasado el umbral no había nada, tan sólo un paisaje fértil y vacío. Para entonces la voz ya había desaparecido. Sus últimas palabras tras el umbral fueron: "Esa cueva era el proceso. Y no, no hay nada tras él. A partir de ahora podréis construir. Teniendo ese poder decidiréis si serviros de él o servir a su desarrollo." Todos le dieron las gracias y fueron felices porque no sabían que iba a ser de ellos.
De parte de 2º: "Cuando el viento amaina, sopla en otro lugar: GRACIAS XAVI"
domingo, 28 de junio de 2009
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